“El cambio de escala es a veces una cuestión de supervivencia. Primero vemos la montaña y luego dibujamos una línea en el mapa. Así, línea a línea, formamos la cordillera que no podemos abarcar con los ojos y, solo a través del ejercicio de la reducción, somos capaces de trazar un camino, tal vez, también, de transitarlo. De todo lo que nos importa y no comprendemos terminamos por dibujar un mapa, alterando al hacerlo el verdadero tamaño de nuestra ignorancia.”

lunes, 26 de julio de 2010

La cueva está sola y vacía….. Me mira desde dentro y llora. Chirría de grietas y de humedad. Me queda mucho por limpiar, mucho calor que sentir, muchos días que ver el reflejo del sol. La cueva me mira y me reprocha su existencia, da golpes sin que yo me de cuenta, me grita con sonidos que tiemblan al paso de mis pies. La cueva duele. Me abraza pero siento frío. Me quiere para ella sola. A veces me enfado con el eco y me voy, dentro, más adentro todavía, donde ni siquiera la cueva me encuentra. Donde no hay reflejos, ni días, ni horas, donde no hay tiempo ni….. vida. La cueva resiste mis enfados con resignación, pero cada vez que me pregunta por qué me doy medio vuelta y hago como que no la he escuchado. La cueva y yo no sabemos quiénes somos ni por qué tenemos que salvarnos la una a la otra.

2 comentarios:

El Éxodo dijo...

La cueva está en ti, no tú en la cueva; y eso hace las cosas más difíciles. O no. Prueba a averiguarlo. La cueva y tú lo merecéis.

Besos.

LIGEIA dijo...

A veces las cuevas son necesarias, aunque nos parezcan frías u oscuras. Son el interior de la tierra y un símbolo del útero femenino.

Quizás el miedo que producen es precisamente porque también representa el subconsciente...y los secretos que habitan en él.

Un abrazo